Se prepara el terreno para el tecnócrata español

Están ocurriendo tantas cosas al mismo tiempo que informaciones que en otro momento serían noticia y darían para rellenar una semana de tertulias radiofónicas, pasan desapercibidas, en algunos casos de manera consciente.

Desde hace meses, la crisis económica lleva aparejado un cambio de modelo de convivencia que pasa por la aplicación de las políticas englobadas en lo que se conoce como Consenso de Washington y que, hasta 2010, no se empezaron a ejecutar en Europa. España, por sus dimensiones, sirve como un buen laboratorio de pruebas para comprobar si esas políticas se materializan con una baja conflictividad social, de manera que, quizás, en un futuro no muy lejano, en Chile nos pueden poner como ejemplo de implantación de políticas neoliberales de las que ellos fueron la avanzadilla en América Latina. Puesto que nosotros exportamos nuestra modélica Transición, estaríamos en paz.

Uno de los efectos que está teniendo la implantación de esta visión ideológica de la política y la convivencia es la extensión de la antipolítica, que entronca con doctrinas anteriores aunque hoy presentan un matiz distinto. Se cuestiona en voz baja el sistema y se critica abiertamente a los agentes que lideran la acción política, sin ofrecer una alternativa a cambio. En nuestro caso, desde hace meses comprobamos cómo, desde distintos ámbitos (también institucionales) se está realizando una enmienda a la totalidad de las organizaciones políticas y al sistema parlamentario como cauce de expresión de la democracia representativa. Parece que falta muy poco para que hagamos propio el lema “que se vayan todos” que coreaban los argentinos durante el corralito, y el problema es que no tenemos plan en la recámara por si llega ese momento.

La cara más oscura de este discurso es la que protagoniza un dechado de virtudes, que surge de la supuesta especialización de la economía, monotema que ha sepultado cualquier discusión en el ámbito público. Da igual que los especialistas no vieran venir la crisis ni su impacto; da igual que las recetas ofrecidas por los gurús estén fallando estrepitosamente; da igual apelar a una tradición democrática que, en el pasado, se vendió como el mejor de los sistemas posibles. Hoy es posible detectar opiniones de ciudadanos más o menos informados, medios de comunicación y otros altavoces que comienzan a difundir la necesidad del advenimiento de la tecnocracia como sistema político.

Como vimos en un post anterior [¿Un tecnócrata en España? http://cort.as/2IN9], es posible aplicar este sistema en España sin la necesidad de modificar ningún texto legal básico. Por si quedaba alguna duda, según información hecha pública el pasado fin de semana por La Vanguardia, sería incluso la opción preferida para un 63% de los ciudadanos, según un sondeo del CIS elaborado en 2011 pero hecho público ahora, en uno de esos golpes que la casualidad nada casual explica sobre todo si se compara con otros datos [más información en el siguiente enlace: http://cort.as/2IAO]

Según la información que maneja el autor de la noticiauna gran parte de los ciudadanos vería positivo entregar el poder -es decir, la soberanía nacional y la capacidad de representación del país, que serían los encargados de tomar las decisiones-, a “expertos independientes” , es decir, a los famosos especialistas que cuentan con la pátina de la neutralidad, como Mario Monti en Italia, pero que en la práctica han desarrollado buena parte de su actividad profesional en instituciones y empresas que no se caracterizan, precisamente, por su neutralidad ideológica.

Puesto que el autor de la información del diario catalán no menciona el número de estudio del CIS ni proporciona un enlace para consultarlo, es conveniente tomar estos datos con prudencia, sobre todo si los cruzamos con los resultados obtenidos en la encuesta publicada en enero de 2011 sobre la toma de decisiones políticas. Pensamos que, con toda probabilidad, es el estudio al que se refiere Castro, en cuyo caso hay otros datos interesantes que matizan, y mucho, su afirmación inicial.

Según el estudio 2860 del CIS sobre la toma decisiones políticas, y puesto que las respuestas no son incompatibles, una mayoría de encuestados se mostró a favor de que los ciudadanos tomen directamente todas las decisiones tanto en el Gobierno de España como a nivel local (un 4.45 en una escala en la que 0 es totalmente a favor y 10 es totalmente en contra). Una mayoría se pronunció a favor de un mayor peso de los políticos en la toma de decisiones en relación a la UE (5.54). Éste es el enlace del estudio:  http://cort.as/2IAN.

Otros datos curiosos son los que siguen: las preferencias para que un gobierno de expertos tome decisiones políticas es prácticamente la misma que la que indica una preferencia por una mayor participación de la ciudadanía e incluso menor que la opción de facilitar el debate para que la ciudadanía participe en la adopción de decisiones. Si  una mayoría holgada prefiere un gobierno de los técnicos y/o expertos, como resalta Castro en su análisis, ¿cómo se explica la opinión de una mayor implicación ciudadana en la toma de decisiones?

Opciones del estudio

% suma de escalas desde 4 a 10

Consultar frecuentemente a los ciudadanos sobre sus opiniones

87.3

Dejar que sean personas expertas en cada tema quienes tomen las decisiones

87.6

Facilitar que la gente participe y debata las grandes decisiones políticas

88.5

Elegir a los políticos que deberían tomar las decisiones

87.6

Dicho esto, hay que tener en cuenta que el estudio al que nosotros nos referimos y que, intuimos, es el mismo en el que se basa Carles Castro, se realizó antes del 15M y antes de la victoria del PP, tanto en las municipales y autonómicas de mayo de 2011, como en las generales de 2011. Hechas estas precisiones, cabe preguntarse por el interés de La Vanguardia por vender unos datos hoy que, según hemos visto, no son del todo ciertos: se pone el acento en el apoyo a una suerte de tecnocracia pero se obvia que existe, al menos, el mismo apoyo a una democracia más participativa. ¿Casualidad?

A falta de una explicación, podemos insertar este artículo en la campaña que parece orquestada a propósito del advenimiento de un gobierno de concentración nacional o de tecnócratas en el caso de que España pida el rescate total a la troika, una decisión que se podría dirimir durante este mes de agosto, aprovechando que la parte del país que aún se lo puede permitir se encuentra de vacaciones.

Lo ocurrido el mes de agosto del año pasado, con una reforma constitucional en un fin de semana largo, nos recomienda ponernos en alerta ante la evidencia de que a muchos -que, precisamente, encabezan instituciones que no son resultado del voto obtenido en unas elecciones democráticas- les comienza a incomodar las urnas y las opiniones que éstas puedan arrojar, por lo podríamos estar ante un aumento de decibelios en los mensajes sobre la antipolítica, sobre las democracias fallidas y sobre la salvación que proporcionan los tecnócratas, siempre y cuando el gobierno italiano logre aguantar y, tras España, no sea la próxima ficha de dominó en caer.

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Acerca de llegalaultima

Politóloga y periodista en activo
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